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Cuando entendemos que los seres vivos, en tanto sistemas determinados en su estructura[1], somos sistemas cognitivos, la vida un proceso de conocimiento, y el aprendizaje una consecuencia espontánea y continua del vivir, podemos entender que este ocurre como una dinámica de transformación en congruencia entre el organismo y el medio.

En el caso humano la educación es también un proceso continuo que ocurre como un proceso espontáneo de transformación en la convivencia, ya que nuestra circunstancia implica a otros. Por ello depende de la clase de convivencia que realicemos la clase de espacios educativos que surjan en la convivencia, y fundamentalmente ha habido dos tipos en la historia humana; educación centrada en redes de conversaciones de control, obediencia, autoridad y sometimiento, y educación centrada en redes de conversaciones de confianza, colaboración y coinspiración. En las primeras el espacio relacional se cierra a las preguntas reflexivas, surgen la competencia y apropiación, se estrecha el espacio de creatividad e inteligencia. En las segundas se abre el espacio relacional a todas las preguntas reflexivas (preguntas por los criterios que dan valides a las afirmaciones), surge el compartir conocimientos y aprendizajes, se amplía el ámbito de autonomía que posibilita la creatividad y la inteligencia.

Ambos caminos educativos de transformación en la convivencia quedan determinados por redes de conversaciones particulares, y lo que especifica y conserva tales redes de conversaciones son las configuraciones emocionales desde donde las personas hacen todo lo que hacen, ya que estas constituyen su espacio psíquico-cultural.

En la historia del patriarcado, que tiene ya más de 9 mil años, la mayoría de los espacios educativos, sean escuelas o no, han estado centrados en convivencias que conservan el malestar de las redes de conversaciones de autoridad-obediencia basadas en la desconfianza y la instrumentalización. Es desde aquí que han surgido, desde hace años y en este presente, una serie de intentos de configurar una otra educación, e incluso de acabar con la escuela para solucionar los males e insuficiencias que la escuela patriarcal moderna ha generado.

Sin embargo sin el cambio cultural que implica cambiar desde la localidad de las emociones, de cada persona, hasta la globalidad de las redes de conversaciones, seguiremos creando espacios de autoridad-obediencia como los arriba descritos, y esto incluso sin escuelas. Como es el caso de las personas que deciden educar a sus hijos en casa pero lo hacen replicando las pautas emocionales y conversacionales de nuestra geocultura patriarcal centrada en la desconfianza y el control. El problema está en otra parte. Y esta mirada es la invitación tan particular que se hace desde la comprensión biológico-cultural de lo humano, la que nos permite ver la fenomenología completa del aprendizaje, el educar, el enseñar y las culturas en que estos fenómenos se pueden realizar.

P.d. Para profundizar en esto los invito a ver este post anteiror: https://bioculturalia.wordpress.com/2010/08/16/biologia-cultural-aprendizaje-y-educacion/


[1] Como siempre, esta comprensión de la educación desde la que reflexiono ahora sobre el pretendido fin de la escuela, se basa en el entendimiento biológico-cultural de lo humano. Desarrollado por Humberto Maturana y Ximena Dávila.

A propósito de la Biología del Amar citaremos estas breves palabras de ese gran escritor que fue Charles Bukowski. Muchas veces desde la oscuridad es que se ve la luz:

“Toda esa gente, ¿Qué hace? ¿Qué piensa? Todos vamos a morir, todos nosotros, ¡Menudo circo! Debería bastar con eso para que nos amáramos unos a otros, pero no es así. Nos aterrorizan y aplastan las trivialidades, nos devora la nada”.

Y una breve reflexión: ¿Será la nada el problema o el orgien del problema? sin duda es una metáfora, y una buena, evocando el sin sentido enorme del vivir en el malestar, en ese “vacío” psíquico-espiritual. Más, el origen de ese vacío tiene que ver con la cultura patriarcal-matriarcal en que habitamos, poniendo al centro la desconfianza, la apropiación, la enemistad, el control, la competencia, cultura milenaria que va a contrapelo de nuestra naturaleza primariamente amorosa, hoy tan alienada. Es así que llegamos a desamarnos y a desamar a los que deseamos a mar. Nuestro malestar no viene de la nada, ni es constitutivo, eso es lo bueno. Y hay por ende un camino de salida. Un único camino de salida.

Hoy a fallecido un gran hombre y un gran escritor, que para mí además, fue un gran tío, Guillermo Blanco, a quien en mi familia le decíamos Panino, por que era el padrino de mi hermana Claudia.

A sus 84 años se va dejando tras de sí una familia criada en el más solido fundamento ético. Personas todas amables y lúcidas, con conciencia ciudadana y humana. Hijos y nietos. ¿Que mayor herencia? Ningúna. Sin embargo a todos los demás nos deja sus cuentos, sus crónicas y sus novelas, como mundos donde pasear la reflexividad y la sensibilidad nutriendose en la belleza de lo duro y de lo blando.

Quienes tuvimos la oportunidad de aprender de él, formal o informalmente, también sabemos de esa preciosa herencia intangible.

Amó Chile, y especialmente Talca. Y supo actuar en concordancia. Sus cenizas compartirán lugar, con las canillas de Don Quijote.

Me despido viejo querido, con un poema.

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Adiós al Panino

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Cuando con pasión vive un hombre

-y la tristeza es sólo otra forma de ella-

los instantes tienen una contagiosa densidad.

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Así, de sus actos se desprende una resplandeciente nebulosa

que sin enseñar educa.

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Esa atmósfera de callada penumbra rojinegra

donde libros y reliquias parecían palpitar

fue nicho donde aprender a gusto la curiosidad.

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Desde niño vislumbre ahí

el fino humor del férreo compromiso ético.

El infinito campo de la imaginación,

donde la palabra escrita roba suspiros y odiseas al silencio.

Su sensibilidad dolida hasta el extremo,

sólo hacía más admirable el empuje vital.

.

La gran lección humana y literaria:

los personajes tienen coherencia y vida propia,

déjate ser dejándolos a ellos ser.

.

El año pasado escribí una reflexión sobre la muerte de un Joven Mapuche a manos de carabineros de Chile (Policía). En ese texto intenté mirar más profundamente hasta los fundamentos del problema y de los posibles caminos de salida, los cuales todos pasan por la reflexión ética colectiva.

Ahora, con ocasión de la huelga de hambre iniciada el 12 de julio por los presos políticos mapuches de las cárceles de Concepción y Temuco, Angol, Lebu y Valdivia (treinta y tantas personas), pienso que el texto sigue estando plenamente vigente, ya que lo que está en juego es la reflexión de la ciudadanía toda, pero persona a persona desde la propia intimidad.

La muerte en condiciones indignas de un ciudadano, es la muerte de la ciudadanía toda. El llamado problema Mapuche no es tal, es el problema de chilenos y mapuches, y lo a sido históricamente dada la opresión del Estado chileno y la decidía de la ciudadanía chilena (cuando no abiertamente del racismo). Del mismo modo, como dijo hace ya tiempo Engels: “Un pueblo que oprime a otro pueblo no puede ser libre”. Lo que está en juego no es ni más ni menos que nuestra democracia, la de todos los que ocupamos el territorio. No podemos permitirnos hacernos los que no sabemos, los que no nos importa, frente a la tragedia discriminatoria e injustificable que significa la aplicación y conservación de la ley “Antiterrorista”, establecida en medio del régimen tiránico de la dictadura militar, a los que son de facto, nuestros compatriotas. Chile es, querámoslo o no, un estado multinacional, aún cuando todavía no lo distinguimos así.

Mas impresentable aún es el hecho de que durante todo el periodo de gobierno de  “izquierda” de la Concertación, se negó y reprimió las, internacionalmente reconocidas, justas demandas del pueblo Mapuche. Es cosa de mirar los relatorios emitidos por los observatorios de la ONU.

Como señala Immanuel Wallerstein en su reciente comentario sobre las contradicciones de la izquierda en América Latina, hay una contradicción de deseos y practicas entre los movimientos de las poblaciones indígenas, las que se han afirmado políticamente en casi todos los países (desde el 94) demandando su derecho a organizar autónomamente su vida político-social, y los partidos de izquierda que en la última década han alcanzado el poder en los distintos Estados.

Y el problema se haya en  el hecho de que, si bien ambos frentes se oponen a los frentes conservadores del neoliberalismo depredador, difieren en sus deseos y propósitos fundamentales, así como en las distinciones y discursos que utilizan.

En Palabras de Wallerstein: “Los partidos se han puesto como principal objetivo el desarrollo económico, tratando de lograrlo, al menos en parte, mediante un mayor control de sus propios recursos y unos mejores acuerdos con las empresas y los gobiernos extranjeros, y las instituciones intergubernamentales internacionales. Persiguen el crecimiento económico, argumentando que sólo de esta manera mejorará el nivel de vida de sus ciudadanos y lograrán una mayor igualdad. Los movimientos indigenistas han tratado de conseguir un mayor control sobre sus propios recursos y una mejora de las relaciones no sólo con los actores no nacionales, sino también con sus propios gobiernos nacionales. En general, afirman que su objetivo no es el crecimiento económico, sino llegar a un acuerdo con la Pachamama, o madre tierra. Aseguran que no buscan una mayor utilización de los recursos, sino un uso mucho más sensato que respete el equilibrio ecológico: persiguen el denominado buen vivir. No es de extrañar que los movimientos indigenistas se hallen firmemente opuestos a los escasos gobiernos conservadores de América Latina, como México, Colombia y Perú. Sin embargo, cada vez más abiertamente, estos movimientos también han entrado en conflicto con los gobiernos de centro-izquierda como Brasil, Venezuela, Ecuador e incluso Bolivia.”

Y el problema fundamental en juego: “Pero, ¿cuántos acuerdos de este tipo se pueden cerrar? Hay un problema más fundamental en juego. Es la naturaleza del “otro mundo (es) posible”, para utilizar el lema del Foro Social Mundial: ¿sería un mundo basado en un crecimiento económico constante, aún siendo éste “socialista”, que pretendiese elevar el ingreso real de las personas en el Sur global?, ¿o sería lo que algunos llaman un cambio de valores de civilización, un mundo de buen vivir? No será un debate de fácil solución. En la actualidad es un debate que se produce en el seno de las fuerzas de la izquierda latinoamericana. Pero hay situaciones similares en la base de gran parte de las tensiones internas en Asia, África e incluso Europa. Éste puede llegar a ser el gran debate del siglo XXI.”

(Fuente: http://www.agenceglobal.com/article.asp?id=2401)

En fin, ciertamente esta es una visión macro, que nos orienta a mirar el sistema-mundo como totalidad, pero también requerimos mirarnos a nosotros mismos, nuestras cegueras, nuestros apegos, nuestra mezquindades y omisiones. Todo cambio cultural surge como un cambio personal que se expande de lo local a lo global. La sociedad la realizamos las personas, los debates no harán la diferencia si no la hacemos nosotros desde la intimidad de nuestros sentires y reflexiones, es desde ese trasfondo social de nuestra conciencia como animales sociales que somos, que podrá surgir la inspiración ética para realizar el cambio cultural que tanto deseamos todos. Y si no estamos dispuestos a tener la audacia de conversar apelando a la co-inspiración de una matriz común de deseos entre izquierdas y pueblos indígenas, entre izquierdas y derechas, ¡entre todos! estamos perdidos. Esta nave la hundimos o la reflotamos juntos.

En el texto que presento en el link de abajo, profundizo en esa mirada orientada a la responsabilidad y reflexividad ética personal: La muerte de un ciudadano es la muerte de toda la ciudadanía

Mi amigo Luiz Algarra me invitó a participar en la conversación que convoca a esta red (Vivo Educa) y su seminario sobre Educación y Redes. Invitación que acepté. Más yo me preguntaba que puede aportar la biología-cultural a esta conversación sobre educación y redes, tema que por cierto me ha ocupado hace ya varios años. Entonces ¿Biología-cultural para que?.

Antes de reflexionar en torno a esta pregunta tendría quizás que hablar algo del lugar en el que surge la Biología-Cultural; La escuela Matríztica de Humberto Maturana y Ximena Dávila, pero para no excederme en este post, invitaré a quien quiera saber más de ellos a ver su página web: www.matriztica.org

Entonces, considero que la comprensión de la naturaleza del vivir de los seres vivos en general y de los seres humanos en particular, así como de la naturaleza biológica del conocer, es fundamental para entender la fenomenología del aprendizaje, la educación y la enseñanza de una manera que no confunda estas 3 distintas dinámicas, de modo de poder ver como participan de la red de conversaciones que como sociedad habitamos. Al mismo tiempo esta comprensión de cómo operamos los seres humanos en tanto seres con dimensiones biológicas y culturales de existencia nos permite mirar, tanto a nuestra historia evolutiva, como a nuestra historia cultural para así distinguir como hemos generado, realizado y conservado los distintos modos de vivir y convivir el aprendizaje, la educación y la enseñanza en nuestras diversas comunidades. Pudiendo así visualizar como en distintas eras hemos construido diferentes sistemas de aprendizaje, educación y enseñanza que han generado derivas históricas diferentes, básicamente en dos grandes direcciones: 1) la de la ampliación de la autonomía reflexiva y de acción de las personas, que genera bienestar y conserva la convivencia social armónica, y 2) la de la disminución de la autonomía en la ampliación del control y la obediencia, la cual genera malestar y a la larga destruye la convivencia social armónica.

La comprensión biológico-cultural de lo humano nos permite comprender la clase de seres que somos en tanto seres sociales que existen en el lenguaje y habitan culturas que ellos mismos tejen como redes de conversaciones, seres que por naturaleza precisan habitar en espacios de mutua aceptación y respeto para no enfermar. Seres en quienes el trasfondo de la conciencia social y ética es espontáneo en cuanto logran crecer en una matriz relacional que les permite conservar la unidad psíquica individuo-sociedad propia de su especie.

Seres que aún siendo primariamente sociales (amorosos) pueden cultivar sistemáticamente un vivir y convivir antisocial (negador) que los aliena y aliena la comunidad en que habitan.

El vivir es una dinámica de continuo cambio en que los seres vivos y el medio que los acoge y los hace posibles se encuentran permanentemente inmersos en una deriva de cambios estructurales. Cambia la estructura del organismo y cambia la estructura del medio, y además cambian juntos, en congruencia; el organismo gatilla cambios en el entorno y el entorno gatilla cambios en el organismo, en una dinámica reciproca de mudanzas que genera una historia de cambios en que si se conservan acoplados resultan espontáneamente congruentes sus estructuras. Como pasa cuando uno compra unos zapatos nuevos y al usarlos van cambiando juntos tanto el pie como el zapato. La palabra adaptación refiere a este proceso, pero no se trata de que el organismo se adapte al medio como si este preexistiera, sino que se van transformando juntos. De hecho surgen juntos, el medio no es medio si no hay un ser vivo y viceversa. “El vivir no preexiste a nuestro vivirlo”. De la misma manera que una semilla puede vivir sólo si encuentra una buena tierra donde germinar, los seres vivos en general sólo viven si encuentran un medio acogedor en el que puedan conservar su acoplamiento a el, o sea, la adaptación es una constante, no una variable.

En este sentido, la palabra aprendizaje es una distinción que hacemos como observadores al hacer una comparación entre dos momentos de una historia de transformaciones  congruentes entre un ser vivo y su circunstancia, la cual puede implicar a otros seres vivos, como pasa en el caso de los seres sociales. Es decir, del mismo modo que la adaptación es una constante, para los seres vivos el aprendizaje es una consecuencia espontánea y permanente de su vivir. Entonces como nos muestra la comprensión biológico-cultural, los seres vivos son sistemas cognitivos, y el vivir es el proceso de conocer, donde todo hacer es conocer y todo conocer es un hacer.

Y en el espacio humano, el aprendizaje se da enlazado a la convivencia humana, de lo que resulta que todo educar ocurre como una dinámica de transformación en la convivencia. El educar no es enseñar, la enseñanza ocurre en el mostrar, en el indicar concientemente como se realiza alguna operación. Por ello en el educar no enseñamos operaciones, sino que aprendemos inconscientemente modos de habitar. Y toda convivencia humana implica un permanente proceso de mutuo aprendizaje y un espacio psíquico particular de educación según sea la convivencia cultural que realicemos.

Las culturas centradas en la desconfianza, en el control, el sometimiento, la obediencia, la apropiación y la discriminación, generan espontáneamente espacios psíquicos donde las personas se educan como seres que no tienen presencia en tanto tales, en que no son vistas ni escuchadas como legítimos otros en la convivencia, sino que son instrumentalizadas y negadas de toda forma concebible. Donde la natural creatividad e inteligencia, típicamente humanas, se ven restringidas y aún alienadas por la reducción del espacio posible de consensualidad que generan las redes conversacionales jerárquicas. Cultivando así las personas un vivir que genera y conserva desconfianza de si y de los otros, dependencia, frustración, perdida del sentido social, e incapacidad de reflexionar sobre los propios actos y el propio reflexionar.

Por otra parte, las culturas centradas en la confianza, el compartir, colaborar y co-inspirar, generan espontáneamente un espacio psíquico donde la educación ocurre como una transformación reflexiva en la convivencia donde todas las preguntas son legitimas, donde se conversa sobre los criterios que le dan valides a  las afirmaciones, donde aparecen las condiciones de posibilidad para realizar las explicaciones. Un espacio psíquico donde las personas tienen presencia como legítimos otros en el proceso de transformación en la convivencia, y por ende están en un espacio de confianza y bienestar que les permite colaborar y co-inspirar junto con otros sin temor a desaparecer, donde son autónomos por que pueden operar desde si, desde sus deseos y desde la reflexión sobre sus deseos, donde la conciencia social-ética surge espontáneamente como el trasfondo desde el que hacen todo lo que hacen, por que es parte de la dinámica inconsciente cotidiana que sostiene su convivencia social como individuos que se realizan como personas en un espacio social.

Y la democracia surge solo en un ámbito cultural así, entendida esta no como un sistema político sino como un ámbito de convivencia entre personas equivalentes, todas respetables, y todas dispuestas a compartir una convivencia social en la que todas participan colaborando para su realización y conservación cotidiana. Una educación para la democracia entonces, único espacio en el que somos propiamente personas, implica una cultura y un espacio psíquico donde la transformación en la convivencia sea realizada por personas que se respetan a si mismas y a los otros, que colaboran, comparten y co-inspiran el tiempo todo cada cual a su manera según su circunstancia, ya que las niñas, niños y jóvenes aprenderán y vivirán su vivir según sea la naturaleza de la convivencia que realicen los adultos de la comunidad. Es lo que hacemos hoy, el como convivimos en este presente, lo que determinará el camino futuro que será el punto de partida para los niños, niñas y jóvenes de hoy. La buena noticia es que ellos desean apasionadamente adultos a quienes respetar y admirar, y si nosotros comprendemos la clase de seres que somos, podremos constatar nuestra naturaleza primariamente amorosa y reflexiva de seres que si no están enajenados en teorías negadoras pueden confiar y respetar en si mismos y los otros, para convivir creando cotidianamente redes de conversaciones democráticas donde educarnos mutuamente en el circulo recursivo de la convivencia humana.

Es por todo esto que considero que conocer y entender los fundamentos biológico-culturales del aprendizaje y la educación permite generar un mundo de acciones a la mano que nos permitan co-inspirar y colaborar para la co-creación de una educación liberadora y engrandecedora de nuestro potencial autonómico y reflexivo, el cual necesitamos hoy quizás más que nunca, dada la encrucijada histórica por la cual atravesamos actualmente: ¿El surgimiento de una sociedad más jerárquica, más polarizada y destructora del ambiente? ¿O el surgimiento de una más democrática, igualitaria y ecológicamente armónica? La encrucijada histórica de las eras psíquicas de la humanidad.

Referencias:

  1. Maturana, H. Deriva Ontogénica o Aprendizaje. Arch. Biol. Med. Exp. 15: 261-271, 1982.
  1. Maturana, H. Emociones y Lenguaje en Educacion y Politica. Ed. Hachette, Santiago, 1990. Ed. Dolmen, Santiago, 1.ed. 1990; 2.ed., 1990.
  1. Maturana, H.R., Dávila, X. Educador Social. En: Figuras y pasajes de la complejidad en Educación. Guadas y Batalloso  Coords. Instituto Paulo Freire España. 2008.

Aquí posteo el link a una interesante entrevista que el profesor Maturana dio para la revista El Ciudadano, un loable y destacado medio de comunicación libre chileno. En esta entrevista Claudia Pedreros, Cristian Sotomayor y Francisco Luna conversan con Don Humberto sobre el estado actual de la convivencia humana, medioambiente, la relación dinámica entre pobreza y riqueza, explosión demográfica, políticas públicas y geocultura neoliberal, entre otras cuestiones fundamentales. Como es usual en él, este octogenario biólogo que conserva toda su lucidez sistético-recursiva, nos invita a mirar que en el fondo, todos los problemas humanos son problemas del espacio relacional, problemas que no resuelven ni las teorías ni las tecnologías, sino, el entendimiento de nuestra naturaleza humana y la sensibilidad ética-social que es constitutiva de la clase de seres que somos como seres sociales, criaturas primariamente amorosas, que sin embargo pueden cultivar un vivir centrado en la negación mutua. Nos invita con sus palabras a hacernos responsables por nuestro vivir, por nuestra convivencia, y por los problemas que en ella surgen. Los cuales siempre son producto de contradicciones emocionales; deseos contradictorios que generan espacios operacionales y relacionales que se contradicen generando malestar. Es decir, nos invita a mirar como armonizar, con nuestro entendimiento y sensibilidad, la relación con nuestras circunstancias, mirando para las condiciones que posibilitan y conservan esa armonía. Es desde ahí, que podremos vivir la experiencia de libertad, y la de comulgar esa libertad, en torno al convivir mundos de bienestar.

Que la disfruten: Los seres humanos estamos en un presente trágico

El análisis de los sistemas-mundo generado por Emmanuel Wallerstein y desarrollado por sus colaboradores nos habla de lo que llama la crisis estructural del capitalismo, desde una visión que integra ciencias sociales e historia amen de una profunda reflexión epistemológica.

La Biología-Cultural generada por Humberto Matruana y Ximena Dávila, y que se va enriqueciendo por parte de la comunidad en torno a ella, nos muestra que también estamos en una encrucijada histórica, pero lo hace con una visión de aún mayor alcance (histórico y epistemológico), nos habla de las eras psíquicas de la humanidad desde el origen humano hasta la posmodernidad pasando por el surgimiento del patriarcado-matriarcado. Y abriendo la mirada a una posible era en la cual nos encontraríamos en transito, una era pos posmoderna, pero que sólo realizaremos y conservaremos si convivimos una transformación cultural muy de fondo en la que nos reencontremos con nuestra naturaleza primaria de seres espontáneamente éticos y colaboradores que hoy se hayan enajenados por la cultura de la negación mutua y la omnipotencia.

En esta breve nota reflexionaré solamente enlazando algunos de los elementos que veo hacen parte del mismo dominio experiencial en nuestro presente, como parte de una civilización capitalista (500 años) y como parte de la historia cultural del patriarcado (9 mil años). En posteriores post ampliaré estas reflexiones y distinciones, las que no surgen de un entremezclar ecléctico de teorías, sino que desde el trasfondo epistemológico unitario de la biología-cultural me moveré integrando las distinciones con fundamento experiencial que presenta Wallerstein, y lo haré como deducciones posibles, en el campo de la historia cultural, de ese gran mecanismo explicativo que es la Matriz Biológico-Cultural de la Existencia Humana.

En la historia del capitalismo la tendencia a sido, por una parte, el aumento de la producción y la plus valía, y por el otro, el aumento de los tres factores de costo a pagar: Insumos, personal, impuestos. Hay condiciones estructurales aumentando hace 500 años el costo de los factores a nivel mundial y hoy las contradicciones internas del sistema económico-político-cultural impiden que se pueda conservar la incesante acumulación de capital en grados significativos (significativos según el criterio canónico de los grandes capitalistas). El neoliberalismo se inventó en la década del 80 para revertir la tendencia desregulando los mercados nacionales en la búsqueda de reducir estos costos. Y se lo presentó como el único camino posible, como el fin de la Historia; “There is no alternative” en la famosa frase de Margaret Tatcher. Sin embargo la deriva evolutiva y cultural de los seres humanos no está guiada ni por los recursos ni por las oportunidades, sino por las emociones y especialmente los deseos en el curso de la conservación del bienestar. Can always be alternatives. Después del crac económico del 2008, que genero la actual depresión mundial, es más fácil distinguir que el neoliberalismo fracasó en su misión. Por doquier los gobiernos del primer mundo se encuentran en el lado proteccionista del pendular ciclo económico. Hay 2 caminos que ahora se abren frente a nosotros; una convivencia más igualitaria en la que coinspiremos maneras de redistribuir la plusvalía y detengamos y hagamos retroceder la incesante mercantilización de todo, o una convivencia donde se extremé aún más la apropiación y exclusión generadora de discriminación, pobreza y daño ambiental, una convivencia en que ya ni siquiera se busque justificar y esconder ideológicamente las desigualdades sino que se las de por sentado. Una sociedad de grupos donde el Estado no es garante de las personas y las mafias se adueñen de todo. Esto es la crisis estructural del capitalismo (Wallerstein). Y quizás la crisis de la cultura patriarcal-matriarcal (Maturana & Dávila) lo que nos permitiría pasar a otra Era, una centrada en la ética, la coinspiración y la colaboración. Donde podamos realizar y conservar una sociedad mundial inclusiva y ecológica en armonía entre individuo y sociedad y entre biosfera y antroposfera. ¿Que mundo queremos vivir? Sea el que sea, depende de nosotros. ¡La Historia la hacemos las personas!

Después de la revolución mundial de 1968 el liberalismo centrista perdió su hegemonía ideológica unilateral, retornaron el conservadurismo y el radicalismo. La Historia está de parte de nadie, no es en si, y no existe el progreso inevitable. Viviremos según sea lo que conservemos al centro de nuestra convivencia.

No hay recetas por cierto, pero sin conversaciones reflexivas serias, por parte de todos y estando dispuestos a abrir mano de nuestras certidumbres, seguiremos el curso de una convivencia más injusta y autodestructiva. La colaboración no es una opción si lo que queremos es un mundo en que quepan todos los mundos, es una condición de posibilidad.

Para ver más de Biología-Cultural visite: www.matriztica.org

Y sobre el tabajo de Wallerstein en el Fernand Braudel Center: http://fbc.binghamton.edu/