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Archive for the ‘Capitalismo’ Category

Aquí quiero postear un imprecionantemente pristino texto de un ensayo del profesor Maturana que publicó en su libro “Amor y Juego. Fundamentos olvidados de lo Humano”, coescrito con la Dr. Verden-Zöller. Es un trecho que nos habla de la democrácia como una red cerrada de conversaciones constituida como un sistema social humano, pero enfatizando las conversaciones que niegan la realización y conservación de un tal sistema. En posteriores post iré comentando uno a uno los puntos a que aquí se nos invita a reflexionar.

En la actualidad vivimos un espacio de contradicciones históricamente conservadas donde por un lado muchos países han declarado el vivir democrático como su sistema de gobierno favorito o predilecto, pero a la vez no se ha dado en la praxis del vivir y convivir democrático la realización de una coexistencia congruentemente responsable en el bienestar de existir en un dominio donde se es legítimo desde el respeto mutuo y el respeto a la biosfera participando responsablemente en la convivencia del vivir planetario, es decir, no se ha dado una democracia completamente realizada y conservada en el día a día, sino que constantemente a existido en riesgo de ser negada, y de hecho a sido negada recurrentemente, por conversaciones patriarcales-matriarcales.

Como nos dice hace ya años Don Humberto, la democracia es un modo de vida que como red cerrada de conversaciones surge en la praxis del vivir, y si no se da en el día a día la realización y conservación  de la operacionalidad del mutuo respeto en torno a un proyecto común de convivencia no hay democracia. La democracia empieza por casa o no empieza. Es una obra de arte cotidiano. No un sistema electoral o de partidos.

Veamos diez conversaciones que constituyen el ámbito de las contradicciones a que queda sometida la democracia en un entorno cultural patriarcal-matriarcal que la niega recurrentemente:

“a) Conversaciones que confunden la democracia con una manera electoral de lograr el “poder político”. El emocionar básico bajo el cual tienen lugar estas conversaciones es el deseo abierto o encubierto por la dominación o control de la conducta de los otros con el fin de satisfacer un deseo privado de autoridad y apropiación. Conversaciones de esta clase ocultan el hecho de que lo que en una cultura patriarcal se llama poder tiene lugar en la obediencia del otro a través de la sumisión obtenida por la coerción. Más aún, tal coerción usualmente tiene lugar disfrazada bajo argumentos que afirman que el poder es una propiedad o don de aquellos que ejercen la coerción a través de las acciones de sus adeptos de una manera que oculta la coerción que ellos ejercen. La democracia no opera en términos de poder, autoridad o exigencias de obediencia; muy por el contrario, la democracia se realiza mediante conductas que surgen de conversaciones de coinspiración que generan cooperación, consenso y acuerdos.

b) Conversaciones que niegan el libre acceso a la observación, examen, opinión, o acción en los asuntos de la comunidad a algunos de sus miembros, y que hacen esto con argumentos que afirman que aquellos miembros de la comunidad excluidos son intrínsecamente incapaces de tener una participación adecuada en aquellos asuntos. La emoción fundamental involucrada en conversaciones de exclusión diferencial de esta clase es la preferencia patriarcal por relaciones de jerarquía y de control en el operar de una comunidad humana. Estas preferencias usualmente se ocultan bajo algún argumento de justicia o derecho, validado a través de referencias a algún sistema de nociones y principios tratados como trascendentalmente válidos.

Pero, debido a su forma de constitución no hay ni puede haber ninguna justificación trascendental para la democracia; la democracia es una manera de vivir en comunidad que surge, cuando es de hecho adoptada, como un acuerdo social abierto que proviene de una añoranza o deseo profundo de recobrar una vida matrística como un vivir en el respeto mutuo y el autorrespeto.

c) Conversaciones que justifican la negación del acceso a los medios básicos de subsistencia a algunos miembros de la comunidad a través de argumentos que afirman la legitimidad de la competencia en un mundo abierto a la libre empresa. El emocionar fundamental envuelto en estas conversaciones en nuestra cultura patriarcal, es el de la enemistad que surge con el deseo de la apropiación. La enemistad, la interferencia activa con el acceso que otro ser viviente podría normalmente tener a sus medios de subsistencia, es una característica de nuestra cultura patriarcal que ésta justifica con argumentos que hacen de la apropiación del mundo natural una virtud, o aun un derecho trascendental. En un vivir democrático, la cooperación, el compartir y la participación son partes de su emocionar básico, y la acción, a que conduce tal emocionar frente a la escasez, es la distribución participativa, no la apropiación. De manera que cualquier argumento que justifica la apropiación restringe o interfiere el acceso a los medios de vida a algunos de los miembros de una comunidad democrática, destruyendo la democracia en esa comunidad.

d) Conversaciones que validan la oposición entre los derechos del individuo y los derechos de la comunidad bajo el argumento de que el individuo y la comunidad necesariamente se niegan unos a otros a través de un conflicto de intereses. El emocionar fundamental que estas conversaciones involucra es apropiación y enemistad bajo la afirmación de que la individualidad humana se constituye en una dinámica de oposiciones en la que cada individuo surge a través de un proceso de activa diferenciación del otro.

Sin embargo, el individuo humano no surge de una dinámica de oposiciones, sino que, por el contrario, surge en el desarrollo del autorrespeto y dignidad que tiene lugar a través de la confianza y respeto mutuos en un ámbito social propio de la vida matrística de la infancia en la que él o ella llegó a convertirse tanto en un ser individual como en un ser social. Por consiguiente, la coexistencia democrática no surge en la historia europea del deseo de satisfacer intereses comunes, sino de la añoranza por la aceptación y el respeto mutuos.

En otras palabras, el vivir democrático, según lo que yo digo, no surge como un mecanismo que permite resolver conflictos de intereses, sino que surge como un intento de realizar un modo neomatríztico de convivencia en la constitución de un Estado democrático como un proyecto común. La democracia no es una solución, es un acto poético que define un punto de partida para una vida adulta neomatrística porque es la constitución por declaración de un Estado como un sistema de convivencia que es un sistema social humano, un ámbito de mutuo respeto, de cooperación y de coparticipación, coextenso con una comunidad humana regida o realizada por tal declaración.

e) Conversaciones que afirman la necesidad de orden y estabilidad para asegurar la libre empresa y la libre competencia bajo el argumento de que es la libre empresa y la libre competencia lo que lleva al progreso social, en el supuesto implícito de que con la noción de progreso se connota algo que es un valor en sí. El emocionar fundamental en nuestra cultura patriarcal en relación con la noción de progreso es el propio de los deseos de apropiación o autoridad involucrados en las conversaciones de jerarquía, crecimiento, control y subordinación. Pero, el control de los otros, la obediencia bajo las relaciones jerárquicas que se mantienen mediante la coerción, y el crecimiento como una acumulación de bienestar a través de la apropiación de los medios de vida de los otros, son acciones que estabilizan la exclusión y generan miseria material, depredación ambiental y sufrimiento, debido a que constituyen dinámicas de negación recurrente de los fundamentos matrízticos de nuestra infancia occidental, y más profundamente de nuestra constitución como seres humanos, y son, por lo tanto, intrínsecamente negadoras del respeto mutuo y autorrespeto constitutivo del vivir democrático. Más aún, esta manera de vivir en el continuo juego de la competencia y la demanda de estabilidad hace a la educación un instrumento de crianza de niños patriarcales que vivirán en contradicción emocional al vivir tanto en la continua negación de la democracia como una manera de coexistencia humana, como en la permanente añoranza por la recuperación de sus fundamentos matrízticos.

f.)     Conversaciones de poder, de control, y de confrontación en la defensa de la democracia, o para resolver las dificultades que surgen en el vivir en ella, en vez de conversaciones de reflexión, de acuerdo y de responsabilidad en relación con el propósito común que la funda. El emocionar que da surgimiento a estas conversaciones implica la pérdida de la confianza en el otro junto con el deseo por la seguridad y protección que una autoridad amiga fuerte que controla al otro asegura, en una forma de coexistencia en la que cada desacuerdo se vive como una amenaza que tiene que ser encarada a través de la guerra y la negación de los otros, y en la que cada dificultad se vive como un problema que tiene que ser resuelto mediante la lucha, y en la que cada oportunidad para una nueva acción se aparece como un desafío que tiene que vivirse como una confrontación. Esta clase de conversaciones niega la democracia, de hecho o por inspiración, al destruir el respeto mutuo fundamental que hace posible la coinspiración para la convivencia en respeto mutuo que la constituye.

g)     Conversaciones que alaban a la relaciones jerárquicas, de autoridad, y de obediencia, como virtudes que aseguran el orden en las relaciones humanas. Conversaciones de esta clase aseguran una división jerárquica de las actividades humanas y estabilizan los privilegios sin el uso de la fuerza. El emocionar que da surgimiento a estas conversaciones es el deseo de mantener y asegurar el control de los privilegios apropiados. Las conversaciones de esta clase restringen el acceso que todos los miembros de una comunidad democrática deberían tener a los asuntos de la comunidad, y lo conceden como un privilegio a sólo algunos. Las conversaciones de esta clase destruyen la democracia por la negación de sus fundamentos.

h)     Conversaciones que presentan todo desacuerdo en una comunidad democrática como lucha por el poder bajo el argumento de que la democracia es una oportunidad para que participen en tal lucha todas las fuerzas sociales. En estas conversaciones, el emocionar fundamental va a través del deseo de control y dominación bajo el cual vivimos nuestro ser adulto en nuestra cultura patriarcal europea. En este emocionar vivimos todos nuestros desacuerdos como amenazas a nuestra identidad, y no los respetamos como expansión de una diversidad legítima de coinspiradores para una vida en democracia. Conversaciones de esta clase oscurecen el propósito común de la vida en democracia y tarde o temprano la niegan en su totalidad.

i)      Conversaciones de competencia y creatividad, que afirman que el progreso es una característica necesaria de la vida humana, y que el progreso es el incremento en la dominación de la naturaleza y el control de la vida. En estas conversaciones, el emocionar fundamental es la avaricia, el deseo por la apropiación y el control. Las conversaciones de competencia y de creatividad niegan al otro, ya sea directamente en el acto de competir, o indirectamente mientras afirman que el otro carece de la creatividad básica necesaria en una sociedad que sobrevive solamente a través de una búsqueda interminable de la novedad. Estas conversaciones niegan la democracia al negar al otro en su total legitimidad, al devaluar la armonía del vivir que surge en la consensualidad y al alabar las diferencias que surgen en una lucha continua.

j)      Conversaciones de urgencia e impaciencia que exigen la acción inmediata, y que bajo el argumento de desconfianza intentan imponer una visión particular antes de que ésta sea sometida a la reflexión pública.. Estas conversaciones surgen en el deseo de control y certeza a cualquier costo, y son presentadas bajo el argumento de derecho y justicia. Estas conversaciones destruyen cualquier espacio para las conversaciones de coinspiración, limitando la posibilidad de cualquier acuerdo que pueda conducir a la comprensión y a la acción democrática. Las conversaciones que implican desconfianza dan surgimiento a la desconfianza, y destruyen la democracia al hacer posibles las acciones autoritarias.

La democracia es una ruptura en nuestra cultura patriarcal europea que surge de nuestra añoranza matrística por la vida en el respeto mutuo y la dignidad, que la vida centrada en la apropiación, la autoridad y el control, niega. Como tal, la democracia es una obra de arte, un sistema de convivencia artificial generado conscientemente, que puede existir solamente a través de las acciones propositivas que le dan origen como una coinspiración en una comunidad humana. Sin embargo, al no darnos cuenta de la no racionalidad constitutiva de la democracia como un producto de una coinspiración social matrística, tratamos de darle una justificación racional, argumentado en términos de principios trascendentales de justicia y derecho, que juzgamos como universalmente válidos precisamente a través de esa misma argumentación racional. Más aún, como nuestros argumentos racionales han fallado al no convencer a aquellos que no aceptaban ya a priori los fundamentos matrízticos no racionales de nuestro argumento, y que, por lo tanto, no necesitaban de ellos, hemos hecho solamente la otra cosa que sabemos hacer en nuestra cultura patriarcal, esto es, recurrir al uso de la fuerza bajo el fundamento de teorías filosóficas que justifican su uso para el bien común. Pero la fuerza también ha fallado en el intento de crear una convivencia democrática y fallará necesariamente siempre porque la fuerza constitutivamente niega el dominio de las conversaciones de confianza, de respeto mutuo, de autorrespeto y de dignidad, que debemos vivir sí queremos vivir en democracia. Esto no es todo, sin embargo.

La democracia no es un producto de la razón humana, la democracia es una obra de arte, es un producto de nuestro emocionar, una manera de vivir de acuerdo a un deseo neomatríztico por una coexistencia dignificada en la estética del respeto mutuo. Lo que hace difícil el vivir en democracia en el medio de una cultura patriarcal que continuamente la niega, es el que las gentes que quieren vivir en democracía son en su origen patriarcales. Y es precisamente porque ellas también son patriarcales en su origen, que no entienden que la democracia no tiene justificación trascendental, y que es de hecho artificial, un producto de la coinspiración, y creen que una vez que la democracia ha llegado a ser estabilizada, puede ser defendida racionalmente a través del uso de nociones tales como derechos humanos, como si estos tuviesen validez universal trascendente, sin darse cuenta de que estos son también arbitrarias obras de arte. La democracia, como una forma de coexistencia matrística en el medio de una cultura patriarcal que se opone a ella y que constitutivamente la niega, no puede ser estabilizada ni defendida, puede ser solamente vivida, y será democracia solamente en tanto sea vivida. La defensa de la democracia, y de hecho, la defensa de cualquier sistema político, necesariamente conduce a la tiranía.

Por lo tanto, todo lo que podemos hacer, si de hecho queremos vivir en democracia, es vivir de acuerdo a ella en el proceso de generar acuerdos públicos para todas la acciones que queremos que tengan lugar en ella, y hacerlo así mientras vivimos de acuerdo a aquellos acuerdos públicos que le dan origen y la constituyen. Vivir en democracia es un acto de responsabilidad pública que surge de un deseo de vivir tanto en la dignidad individual como en la legitimidad social que ella implica como una manera matrística de vivir, y fallamos en nuestro intento solamente cuando no realizamos esta manera de vivir, mientras afirmamos que queremos vivir en ella.”

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Aquí posteo el link a una interesante entrevista que el profesor Maturana dio para la revista El Ciudadano, un loable y destacado medio de comunicación libre chileno. En esta entrevista Claudia Pedreros, Cristian Sotomayor y Francisco Luna conversan con Don Humberto sobre el estado actual de la convivencia humana, medioambiente, la relación dinámica entre pobreza y riqueza, explosión demográfica, políticas públicas y geocultura neoliberal, entre otras cuestiones fundamentales. Como es usual en él, este octogenario biólogo que conserva toda su lucidez sistético-recursiva, nos invita a mirar que en el fondo, todos los problemas humanos son problemas del espacio relacional, problemas que no resuelven ni las teorías ni las tecnologías, sino, el entendimiento de nuestra naturaleza humana y la sensibilidad ética-social que es constitutiva de la clase de seres que somos como seres sociales, criaturas primariamente amorosas, que sin embargo pueden cultivar un vivir centrado en la negación mutua. Nos invita con sus palabras a hacernos responsables por nuestro vivir, por nuestra convivencia, y por los problemas que en ella surgen. Los cuales siempre son producto de contradicciones emocionales; deseos contradictorios que generan espacios operacionales y relacionales que se contradicen generando malestar. Es decir, nos invita a mirar como armonizar, con nuestro entendimiento y sensibilidad, la relación con nuestras circunstancias, mirando para las condiciones que posibilitan y conservan esa armonía. Es desde ahí, que podremos vivir la experiencia de libertad, y la de comulgar esa libertad, en torno al convivir mundos de bienestar.

Que la disfruten: Los seres humanos estamos en un presente trágico

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En esta muy esperada entrevista, el científico social Immanuel Wallerstein nos invita , con su mirada histórica del Análisis de los Sistemas-Mundo, a hacer algunas distinciones de la crisis económica actual en el marco del largo y lento proceso de crisis estructural del capitalismo, en el que también se inserta el proceso de la declinación del poder hegemónico de Estados Unidos. El capitalismo estaría llegando a un punto donde las condiciones de posibilidad para su existencia están siendo destruidas por la propia efectividad del sistema, ya que la acumulación incesante de capital no es posible sostenerla infinitamente en un mundo finito, y en un sistema cultural que requiere la justificación convincente para conservar la obediencia. Así, las fuentes de la plusvalía clásica de los grandes agentes del capital como son, el aumento de los costos por obligadas consideraciones ecológicas, la desrruralización que acabó con la mano de obra baratísima y desorganizada, el lento pero incesante aumento de la democratización de los servicios públicos que aumentó los impuestos, todos estos procesos y más, han generado contradicciones internas que han desestabilizado el “orden” mundial, de ahí los tiempos de alto caos geopolítico y geoeconómico que estamos viviendo. ¿Cómo distinguimos el caos? Los mass media se encuentran permanentemente sorprendidos con la contingencia, los expertos adoptan posiciones altamente contradictorias en todo el espectro político y aún entre sus correligionarios, el establishment empieza a hacer públicas consideraciones que antes eran absolutamente tabú, y las personas, hay las personas, estamos en general asustadas, molestas y confundidas.

Desde una mirada Biológico-Cultural, el sistema capitalista (500 años) es una versión remodelada del arcaico sistema patriarcal-matriarcal, y su eje de acumulación incesante es una extremación de la dinámica ancestral de apropiación (9 mil años). Tanto desde la perspectiva del Análisis de los Sistemas-Mundo como desde la de la Biología-Cultural, nos hayamos en una encrucijada histórica. ¿Habrá un cambio en lo que se conserva de fondo en la cultural patriarcal-matriarcal? ¿O del capitalismo pasaremos a otra salvaje (quizás más salvaje) manera de relacionarnos? ¿O entraremos a una nueva Era psíquica democrática centrada en la co-inspiración y colaboración? El vivir no preexiste a nuestro vivirlo, así que el mundo, o más bien los mundos, serán lo que hagamos de ellos según sea nuestro vivir y convivir. Esa es nuestra libertad, y nuestra RESPONSABILIDAD. Y también la posibilidad de conservar la confianza en el presente, sin enajenarnos, ni en la esperanza ni en la desesperanza.

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¿Como superar el dilema de la oposición conservando la autonomía reflexiva? ¿Como armonizar, en una convivencia ética, el propio vivir y el de otros que piensan y actúan diferente? ¿Como generar, realizar y conservar un habitar desde el co-inspirar y el colaborar a nivel mundial y transgeneracional? ¿Cómo armonizar, desde cada quien, la antroposfera y la biosfera? Preguntas que señalan rumbos más allá de la encrucijada civilizatoria que comenzamos a encarar como humanidad en el siglo XXI. Todas las respuestas habrán de encarnarse, en el vivir de cada quien. Un viaje desde lo local a lo global, vaya aventura.

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